miércoles, 6 de junio de 2012

CARTA ABIERTA A JUAN LUIS CIPRIANI, ARZOBISPO DE LIMA


Este nuevo post no tiene nada que ver con música, aunque tal vez sí algo con mi historia personal. De todos modos, como por el momento no tengo otro sitio donde publicarlo y me apremia hacerlo, y considerando además que ya le dediqué un post anterior a nuestro amigo Cipriani (ver AQUÍ), doy a conocer esta carta abierta que he escrito motivado por las medidas que ha tomado contra el P. Gastón Garatea. Las reflexiones que en ella pongo no tienen la intención de socavar a la Iglesia católica, a la cual pertenezco por llamado y por propia convicción. Recordemos que Juana de Arco le dijo a los jueces eclesiásticos que la condenaban: "los hombres de Iglesia no son la Iglesia". De la misma manera, el Cardenal Cipriani no es la Iglesia. La Iglesia es un misterio más grande de lo que podamos comprender, enraizado en el misterio de Jesucristo el Señor, y tanto Juan Luis, Gastón como yo mismo estamos unidos misteriosamente cual racimos de uva a la misma viña. Por eso mismo, causa dolor y estupor cuando hay quienes se niegan a reconocer como válida la pluralidad que hay en el mismo Cuerpo de Cristo y crean divisiones debido a su pretensión de ser los únicos intérpretes fidedignos de la verdad.


CARTA ABIERTA A JUAN LUIS CIPRIANI, ARZOBISPO DE LIMA

6 de junio de 2012

Estimado Juan Luis:

Soy un católico creyente, miembro de la misma Iglesia de la cual tú formas parte, hermano tuyo en la fe, partícipe del mismo Espíritu. Alguna vez fui miembro de la grey confiada a tu cuidado pastoral en la arquidiócesis de Lima. Por circunstancias del destino tuve que dejar el Perú y actualmente vivo en un pueblito perdido de Alemania, dedicado laboralmente a actividades que poco tienen que ver con los estudios que realicé, los de teología.

Es precisamente gracias a mis estudios teológicos que llegué a conocerte personalmente. Recuerdo cuando yo era un estudiante de teología en la Facultad de Teología Pontifica y Civil de Lima y tú un joven sacerdote, encargado de dictar el curso de Teología Moral. Recuerdo tus buenas intenciones y tu empeño en mantenerte fiel a las enseñanzas morales del Magisterio de la Iglesia, aunque muchas veces, a mi parecer, con interpretaciones rigoristas que no daban pie a una reflexión más profunda sobre algunas cuestiones morales difíciles de abordar. Recuerdo también que cuando algunos alumnos, candidatos al sacerdocio, te proponían problemas referentes a cuestiones éticas límite, en vez de acoger las preguntas para estimular el pensamiento y suscitar una reflexión profunda que abordara el tema en toda su complejidad, buscabas la manera de refutar los planteamientos de esos alumnos con citas del Magisterio de la Iglesia y la Tradición, derrotarlos intelectualmente y forzarlos a callar. No aguantabas pulgas, mi estimado Juan Luis. Ya desde entonces mostrabas poca disposición hacia el diálogo respecto a quienes supuestamente discrepaban contigo –aunque he de suponer que ya interpretabas en ese entonces una discrepancia contigo como una discrepancia con la Iglesia–. Asimismo, pocas veces te vi sonreír, y cuando lo hacías dabas la impresión de que en tu etapa de formación sacerdotal no te habían entrenado los músculos de la cara para efectuar ese gesto, una sonrisa amplia como aquella a la que nos tenía acostumbrado tu antecesor en el arzobispado de Lima, el Cardenal Juan Landázuri Ricketts. Ya desde entonces tenías un aire de solemnidad que no irradiaba ni calidez ni cercanía.

Ahora que no eres mi pastor –lo cual agradezco a Dios con toda el alma–, siento la libertad suficiente y la confianza como para dirigirme a ti no en tu calidad de miembro de la jerarquía eclesiástica, sino como a un hermano en Cristo, a quien le puedo decir con franqueza algunas cosas que lo inviten a la reflexión. No quiero que tomes estos comentarios como un ataque o una agresión, pues no lo son.

Sospecho con razón que estás acostumbrado a mirar a quienes te critican desde fuera de la institución eclesial, muchas veces legítimamente, como enemigos y adversarios de la Iglesia. Y a quienes lo hacen desde dentro, como católicos inconsecuentes, infieles a la Iglesia a la que pertenecen con tanto derecho como tú. Las críticas no son nada más que eso mismo: críticas, desacuerdos, que pueden ser tomadas como oportunidad para establecer un diálogo respetuoso, aun cuando no se llegue a consensos. ¿O acaso no has ejercido tú también tu derecho a crítica, con toda la caridad y respeto que supongo ha de tener un pastor de la Iglesia?

Lo que aún no llego a entender es tu actitud hacia quienes discrepan contigo dentro de la misma Iglesia a la cual ambos pertenecemos, más aún cuando esa discrepancia se da sobre temas que no afectan la esencia de la fe y la moral católicas. Y peor para esas personas si viven bajo tu jurisdicción eclesiástica. Es cierto que el Derecho Canónico te reconoce como pastor la potestad de retirarle las licencias ministeriales, es decir, la potestad de ejercer actividades pastorales, a cualquier clérigo dentro de tu jurisdicción eclesiástica, si crees que hay motivos suficientes. El problema es que en el caso del P. Gastón Garatea tú no has explicado cuáles son esos "motivos suficientes" de manera oficial, aunque extraoficialmente se ha difundido que son ciertas declaraciones que ha hecho este sacerdote respecto al celibato sacerdotal y la unión civil de homosexuales.

En todo caso, nada te obliga a hacer públicos los motivos que te llevaron a tomar esa decisión. Dicho de otra manera, puedes hacer lo que te dé la gana sin tener que rendir cuentas a nadie de tus decisiones. Lo que no debes esperar es que las personas acepten que se mantenga en el ámbito privado una decisión que tiene consecuencias en el ámbito público, pues iba a ser difícil de ocultar que al P. Garatea ya no le está permitido ejercer en la arquidiócesis de Lima. Tampoco esperes que quienes están en desacuerdo con esa decisión tuya, entre ellos muchos fieles católicos dentro de tu jurisdicción, se queden callada la boca y no pregunten, no averigüen, no indaguen qué hay detrás de todo esto. En ese sentido, el primero en generar "desinformación" has sido tú mismo, al no actuar con transparencia –según parece, la renovación de las licencias estuvo esperando 6 meses sin que el P. Raúl Pariamachi, superior de los Sagrados Corazones, supiera nada sobre a qué se debía la demora– y a quien se ha buscado desprestigiar es al mismo P. Garatea, de quien la prensa amarilla católica que te defiende a ti ha dicho que "representa la generación de sacerdotes y religiosos que llevó a la Iglesia a la crisis debido a su desobediencia al Evangelio y la doctrina católica", que ha sido "el representante mediático que la izquierda peruana necesitaba para plantear sus posiciones contra la doctrina católica" y que "se convirtió en el capellán de los que no quieren capellán y quieren un sacerdote que les diga que todo lo que hacen está bien, que todas sus inmoralidades están bien, que todas sus cosas en contra de la Iglesia están bien", concluyendo que el P. Garatea "apostó mal, debió apostar a la Iglesia". Asimismo, se ha dicho que la sanción se debe a "su público apoyo a la agenda gay". Todo esto son meras interpretaciones antojadizas, conclusiones subjetivas basadas en una ideología religiosa extremista y maniquea. Y tú no has comentado nada al respecto ni te has despeinado, mi estimado Juan Luis, permitiendo que se macule impunemente la honra de un sacerdote cuya opción por el Evangelio y su fidelidad a la Iglesia nunca ha sido puesta en duda, sino por grupos conservadores que esgrimen sus interpretaciones particulares como si ellos tuvieran el monopolio de la verdad y representaran a la Iglesia auténtica. Será tal vez porque estás de acuerdo con este tipo de afirmaciones sensacionalistas.

Pues te confieso que la actual crisis institucional y de credibilidad que está atravesando la Iglesia, expresada en los innumerables escándalos que han salido a la luz, tiene mayormente como protagonistas a grupos conservadores, con estructuras verticalistas y autoritarias, y una interpretación rígida e inmovilista de la doctrina y la moral cristianas. Y que ven enemigos de la Iglesia debajo de cada piedra. En ese sentido, son conocidos los casos de los Legionarios de Cristo (México), la Comunidad de las Bienaventuranzas (Francia) y la unión pía de la Parroquia El Bosque del P. Karadima (Chile), por los abusos sexuales cometidos por quienes ejercían la autoridad. Con certeza, algún caso similar deberás conocer, ocurrido dentro de tu propia jurisdicción eclesiástica. Asimismo, en Estados Unidos, el Vaticano investigó al instituto de vida consagrada Miles lesu, también de orientación conservadora, y concluyó que el P. Alfonso María Durán, su fundador y superior, había cometido graves faltas de manipulación de conciencia de sus miembros. También han sido acusados de cosas parecidas el Instituto del Verbo Encarnado (Argentina) y el instituto Lumen Dei (Perú). Todas estas instituciones han sido sometidas a examen por la Santa Sede durante el Pontificado del actual Papa Benedicto XVI. A esto le podemos sumar los numerosos escándalos de abusos sexuales de menores habidos en una de las iglesias locales más conservadoras, la de Irlanda, y los escándalos que han salpicado toda la Iglesia, más que nada cometidos por clérigos que compartían una visión de la iglesia como la que tú tienes: autoritaria, verticalista, moralista y legalista.

Ahora veamos las afirmaciones del P. Garatea que supuestamente van contra la doctrina de la Iglesia y confunden a los fieles –a mí mas bien me confunde la intolerancia y la estrechez de miras de algunas mentes–:
"A mi modo de ver [el celibato] se ha extendido equivocadamente a todos los sacerdotes. El celibato está bien para los que viven en congregaciones, como yo, pero no para los del clero secular que viven en sus casas."
 ¡Sí, Juan Luis! ¡El P. Garatea se ha equivocado! Actualmente, el celibato no se extiende a todos los clérigos. Los sacerdotes católicos de rito oriental pueden estar casados y no están obligados al celibato, aunque de hecho también hay sacerdotes que se han comprometido a vivir célibes. Y en el rito latino hay personas casadas que han recibido el sacramento del orden sacerdotal, a saber, los diáconos permanentes. ¡Deberías haberle dado un jalón de orejas a Gastón y explicárselo con todas sus letras! Como bien podemos constatar, no todos los sacerdotes están obligados a guardar el celibato. Y nadie pone el grito en el cielo por ese motivo. Sin embargo, creo que el P. Garatea se refería al celibato sacerdotal obligatorio que tienen que guardar quienes acceden al segundo grado del sacramento del orden, es decir, los presbíteros dentro del rito latino.

Ahora bien, si hay sacerdotes casados dentro de la Iglesia católica –como hemos constatado– que ejercen su ministerio con toda legitimidad, aunque sean minoría frente a los sacerdotes célibes, ¿no quiere decir eso entonces que el matrimonio no es en realidad incompatible con el ministerio sacerdotal? ¡Vamos, abre tu mente, mi estimado Juan Luis! ¡Deja que entre un poco de aire fresco! En principio, no hay nada de malo en que un sacerdote esté casado y sea sexualmente activo. La práctica de la sexualidad es connatural al ser humano y el celibato sólo se justifica por algún motivo superior, siempre y cuando la persona que sigue esta vía esté llamada a ello y tenga la capacidad para hacerlo. Ni siquiera en la Biblia se encuentra el camino del celibato como una obligación, sino como un estilo de vida que se sigue voluntariamente, no obligatoriamente. Tampoco encontramos que de necesidad se vincule el celibato a un determinado estado de vida.

Existe unanimidad en que el celibato sacerdotal no es una doctrina que pertenezca al dogma de la Iglesia. Es una cuestión más bien práctica y de disciplina, aplicable a los presbíteros de rito latino de acuerdo a normas vigentes. Siendo así, a diferencia de los contenidos de fe, estas normas serían susceptibles de cambio, si las circunstancias así lo ameritan. Me dirás que se trata de una práctica muy provechosa que se sustenta en una tradición antiquísima de la Iglesia. Mira, Juan Luis, si hablamos de tradición, el celibato sacerdotal recién adquiere carácter de norma universal para toda la Iglesia católica de rito latino hace sólo aprox. 400 años, con el Concilio de Trento. En esas circunstancias concretas, para hacer frente al movimiento luterano y similares, la Iglesia consideró como oportuno obligar a todos los sacerdotes, desde el grado de diácono al de obispo, a abstenerse del matrimonio. Fue entonces también que se crearon los seminarios mayores, centros de formación para candidatos al sacerdocio, que sólo admitían a varones célibes. Si bien el celibato ha sido siempre considerado un carisma especial, un don de Dios para la Iglesia, al cual son llamados hombres y mujeres tanto clérigos como laicos –en especial aquellos que conocemos como religiosos–, la extensión de este carisma como obligación a los miembros del orden clerical se dio de manera variada en toda la Iglesia, a modo de tradiciones locales que no regían igualmente en todas las jurisdicciones eclesiales. Y el hecho de que hubiera sacerdotes de rito latino casados fue considerado en muchas iglesias locales como algo perfectamente normal que no escandalizaba a nadie.

No caigamos, pues, en lo que yo llamo la "ilusión de la tradición", es decir, en creer que algunas prácticas de la Iglesia estaban asentadas universalmente desde tiempos antiquísimos, cuando en realidad no son tan antiguas (por ejemplo, la comunión en la boca, la confesión frecuente, la actitud sumisa ante los clérigos, etc.). Si me hablas de celibato en general –voluntario y libre, sin mediar una obligación de por medio–, sin duda que éste se remonta a los inicios de la Iglesia, pero si me hablas de celibato sacerdotal, nos encontramos con una gran variedad. Al respecto, hubo circunscripciones en las que se les prescribía el celibato a los clérigos –aun estando casados– y otras en que no. La cosa cambió definitivamente con el Concilio de Trento, hace 400 años. En lo que todos estamos de acuerdo es en que el celibato sacerdotal no forma parte del dogma de la Iglesia, sino de su disciplina. Y como toda cuestión práctica, se ha visto sujeta a vaivenes y cambios a través del tiempo. En ese sentido, hay que estar atento a los signos de los tiempos. Al contrario de los contenidos de fe definidos por la Iglesia, se trata de una cuestión abierta todavía.

Así lo pensaron varios obispos latinoamericanos durante el Concilio Vaticano II. Como remedio a la falta de vocaciones al sacerdocio, propusieron que, junto a los sacerdotes célibes, se admitiera a hombres casados al sacerdocio. El Papa Pablo VI no dijo en ese entonces que esta propuesta fuera contraria a la enseñanza de la Iglesia, sino que fue de la opinión de que no era "oportuno" discutir ese tema en ese momento. La propuesta no prosperó, no porque hubiera sido discutida y analizada a fondo, sino simplemente porque no se creyó que era el momento para hacerlo. Aun así, de hecho hubo una relajación parcial de esta norma del celibato sacerdotal obligatorio, cuando se decidió admitir a hombres casados al diaconado, primer grado del sacramento del orden. En esta decisión jugo un papel importante el discurso de tu insigne predecesor, el Cardenal Juan Landázuri Ricketts.

Si nos atenemos a lo que dijera el Pablo VI, ¿no tendría que venir algún día el momento "oportuno" para replantear esa cuestión? En febrero de 1970 nueve teólogos alemanes pensaron que ese momento había llegado y le hicieron llegar al episcopado alemán un memorándum replanteando la obligación del celibato sacerdotal y proponiendo más bien un celibato opcional. Entre esos teólogos estaban el jesuita Karl Rahner, Karl Lehmann (actualmente Cardenal y ex-Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana), Walter Kasper (actualmente Cardenal y ex-Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos) y Joseph Ratzinger (actual Papa Benedicto XVI). Esta propuesta incluso fue acogida en una declaración conjunta de los obispos alemanes, pero no tuvo efectos prácticos. ¿Crees, Juan Luis, que hubo sanción alguna para estos teólogos por expresar estas opiniones? ¿A alguno de ellos, que entonces no tenían siquiera rango episcopal, se le impidió ejercer su ministerio? De ninguna manera. Nadie fue tachado de hereje, de ir contra la doctrina de la Iglesia, ni mucho menos de confundir al pueblo creyente.

Siguen habiendo muchas voces dentro de la Iglesia –Cardenales, obispos, clérigos– que piden "repensar" el celibato, entre ellas la del Cardenal Carlo Maria Martini, que aún valorando el celibato como un carisma que siempre debe estar presente en la Iglesia y que Dios le concede a muchos hombres y mujeres, piensa que no todos los sacerdotes están llamados a vivirlo.

Es cierto que la admisión de hombres casados al presbiterado generaría algunos problemas. Pero eso ocurre con todas las cuestiones prácticas. Los sacerdotes célibes presentan también problemas, algunos de ellos serios, como la soledad, la sobrecarga de trabajo y muchas veces la falta de experiencia en lo referente a cuestiones familiares íntimas propias de los fieles a las que tienen que pastorear. Los problemas no deberían constituir verdaderas objeciones ni para que haya sacerdotes célibes ni para que haya sacerdotes casados. Como en todo asunto práctico, se debe hacer un balance equilibrado entre las ventajas y las desventajas para llegar a conclusiones sanas y razonables. Quienes piden una discusión abierta sobre el tema, que implique una reflexión a fondo, no tienen malas intenciones ni mucho menos, sino un deseo de contribuir a sacar a la Iglesia de la crisis por la que está pasando, una de cuya señales es la falta de vocaciones al sacerdocio.

Como ya he señalado, el Cardenal Martini ha declarado que él no cree que todos los sacerdotes estén hechos para el celibato, sin negar por ello el valor del celibato en sí mismo, y que debería repensarse esta norma. Las declaraciones del P. Garatea van en la misma línea. Si las lees bien, notarás que Gastón considera que el celibato sí es personalmente válido para él –con lo cual reconoce su valor–, y se infiere que tiene la intención de guardarlo. Su opinión tampoco implica la intención de incumplir lo que actualmente está vigente en la Iglesia católica. Acata la norma, pero haciendo uso de la libertad de expresión, da a conocer su opinión personal, sin dogmatismos, sin querer imponer su pensamiento, con todo respeto. ¿Dónde está, pues, su falta, si no ha cuestionado al celibato en sí mismo, y lo único que ha hecho es expresar su opinión sobre una norma que extiende esta disciplina a todos los sacerdotes de rito latino, sin manifestar que vaya a no acatarla? ¿Es acaso un delito expresar lo que también expresan otros obispos y sacerdotes de la Iglesia, sin que sean merecedores de sanción por ello? ¿Hay, pues, verdadero motivo para impedirle al P. Gastón Garatea ejercer una labor pastoral en tu arquidiócesis por sus afirmaciones respecto al celibato sacerdotal? ¡Creo, Juan Luis, que se te ha ido la mano, pues tú le hubieras negado estas licencias al mismo Papa cuando era sólo un simple teólogo!

Veamos la siguiente afirmación:
"Tienen todo el derecho de unirse [los homosexuales]. Podemos estar en contra de un matrimonio entre personas del mismo sexo, pero una unión civil no hay problema".
 ¿Ha dicho el P. Garatea que favorece el matrimonio entre homosexuales? No se sigue.

¿Se manifiesta a favor de los "actos homosexuales", considerados como pecados por la Iglesia, refiriéndose a la actividad sexual entre personas del mismo sexo? Tampoco se sigue.

¿Ha dicho que una unión civil entre homosexuales equivale a un matrimonio? No lo veo por ningún lado. 

Entonces, ¿dónde está el problema?

La Iglesia admite respecto a la homosexualidad que "su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado", que las tendencias homosexuales presentes en muchos hombres y mujeres están "profundamente arraigadas", que "se evitará, respecto a ellos (los homosexuales), todo signo de discriminación injusta" y que "estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida". Más aún, dice que "las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana". Y dado que la Iglesia misma dice que "todo bautizado es llamado a la castidad", no debe entenderse por castidad la ausencia de toda relación amorosa con otra persona, sino que esa relación sea conforme a la moral evangélica y evite los actos inmorales, que en el caso de una legítima amistad entre homosexuales serían los "actos homosexuales" (todas las citas están tomadas del Catecismo de la Iglesia Católica).

En otras palabras, ser homosexual en sí mismo no es pecado –pues no se elige ser homosexual, se descubre que se tiene esa identidad sexual–, ni ningún homosexual merece rechazo y condena sólo por el hecho de serlo. Más aún, mi estimado Juan Luis, cuando la Iglesia habla de una "tendencia desordenada" lo hace desde el punto de vista ético y filosófico, no refiriéndose a que la homosexualidad sea un trastorno psicológico diagnosticable. Pues la Iglesia no tiene competencia en psicología, y son los especialistas en esta ciencia quienes deben discutir dentro de su campo cómo debe ser considerada psicológicamente la homosexualidad.

Es cierto que existe un documento de la Iglesia del año 2003 que se opone a la legalización de las uniones homosexuales, y que dice así:
"La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales. El bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial como base de la familia, célula primaria de la sociedad. Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad. La Iglesia no puede dejar de defender tales valores, para el bien de los hombres y de toda la sociedad."
 Si lees bien el texto, te darás cuenta de que la preocupación está puesta en que no se equipare las uniones homosexuales al matrimonio. Y claro está que si se equiparan al matrimonio, no son aceptables, pues el matrimonio implica intimidad sexual, y queda claro que el "comportamiento homosexual" considerado por la Iglesia como pecado se refiere a los "actos homosexuales", es decir, el comercio sexual entre personas del mismo sexo. No veo que pueda referirse a otra cosa, pues condenar todo comportamiento proveniente de una persona homosexual como malo iría en contra de la afirmación de que la condición homosexual en sí misma no constituye pecado. ¿O acaso pretendes que una persona le sea lícito "ser", pero ílicito "actuar" cuando tiene una identidad sexual que tú consideras problemática? ¡Vamos, Juan Luis, que no te creo capaz de tomar en serio algo tan absurdo! ¡Esa persona no debería ni moverse!

¿Y si la ley estipula uniones civiles entre personas del mismo sexo que no son equiparables al matrimonio, sino que sirven para establecer una especial vinculación para proteger sus derechos derivados de una relación de amistad muy cercana? ¿Tendrías algún problema con eso? ¿Crees que eso "ofuscaría valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad" –que, además, no son especificados con precisión por el documento–? Si no se permite, ¿no quedarían más bien ofuscados los valores del derecho a la no discriminación y del derecho de libre asociación?

No debemos definir a las personas por su identidad sexual –lo dice también la enseñanza de la Iglesia–. Los homosexuales son antes que nada personas que también tienen aspiraciones, preocupaciones, esperanzas, que trabajan, que sufren y disfrutan de alegrías, que quieren ser tratados como cualquier persona normal, y que también aman y se entregan. Claro, no les están permitidos los "actos homosexuales" y en teoría deberían evitarlos, pero no les está prohibido manifestar su amor, con dignidad y respeto, a la persona que aman. ¿O consideras que es un "acto homosexual" el solo hecho de amar? ¿Acaso no tienen el derecho de amar? Y también tienen derecho a que se les garantice la protección legal de la persona a la que aman. ¿O acaso piensas lo contrario?

Creo, Juan Luis, que deberías conversar más con personas homosexuales, invitarlos a una misma mesa para que te cuenten lo que ellos esperan de la Iglesia, los problemas que tienen, sus experiencias personales. Yo he conocido a un par de personas homosexuales que pusieron todos sus esfuerzos para vivir de acuerdo a lo que enseña a la Iglesia católica y en fidelidad a ella. Encontraron mucha incomprensión, y los obstáculos se les hicieron tan grandes, que al final optaron por echar la fe por la borda. Los comprendo y no los condeno. En la arquidiócesis de Lima tienes a una comunidad homosexual numerosa y organizada, con la que puedes entrar en diálogo, y no te digo que estés de acuerdo con todo lo que ellos plantean, pero por lo menos puedes escucharlos para así organizar tu propia atención pastoral a personas homosexuales, algo que recomienda la Santa Sede que se haga. En vez de seguir el ejemplo de los fariseos, que rechazaban a todas las personas que ellos consideraban impuros, mejor seguir el ejemplo de Jesús, que se sentaba a la misma mesa con prostitutas, cobradores de impuestos y pecadores, acogiendo a todos, conversando con ellos y ayudándoles a "no pecar". A la mujer adúltera le dijo que no la condenaba, con la recomendación "vete y no peques más". Y si te haces problemas con los "actos homosexuales", deja ese asunto a la conciencia de las personas y al confesionario, pues supongo que tampoco ventilas en público asuntos como los adulterios cometidos por católicos –muchas veces padres de familia de buena reputación–, ni otros pecados sexuales de la grey confiada a tu cuidado. ¡Habla con ellos, con los homosexuales, Juan Luis, y verás que no muerden y que son más normales de lo que te imaginas! Recuerda que a nadie le esta permitido, menos aún a un fiel seguidor de Cristo, condenar o discriminar a un homosexual sólo por el hecho de serlo. Y si te menciono que Franco Zeffirelli, católico y director de cine, es un homosexual reconocido, me temo que vayas a prohibir en tu arquidiócesis que los católicos vean "Hermano sol, hermano luna" y "Jesús de Nazareth", dos obras maestras del cine de inspiración cristiana.

Hay incluso Cardenales de la Iglesia que han mostrado mayor apertura hacia este tema. El Cardenal Christoph Schonbörn, arzobispo de Viena (Austria), aún oponiéndose a la legalización de los matrimonios homosexuales, dijo en el año 2010 que "en el tema de la homosexualidad deberíamos ver sobre todo la calidad de una relación. Y hablar de esta calidad con aprecio. Una relación estable es con toda seguridad mejor que alguien que viva simplemente de manera promiscua". Asimismo, ratificó en su cargo del consejo de una parroquia vienesa al joven homosexual Florian Stangl de 26 años de edad, quien tiene registrada su unión con otro hombre y quien fuera elegido para ese cargo con 94 votos de 116 posibles, no obstante la oposición del párroco. El Cardenal Rainer Maria Woelki, arzobispo de Berlín, dijo durante el reciente Katholikentag (Congreso de los Católicos Alemanes) en Mannheim que "cuando las personas aceptan una responsabilidad mutua, cuando viven en una relación de pareja homosexual duradera, eso se debe considerar de manera similar a una relación de pareja heterosexual". ¿No ves, mi estimado Juan Luis, que sin necesidad de renunciar a lo que la Iglesia enseña se puede tener hacia los homosexuales una actitud más humana, comprensiva y abierta, a semejanza de Jesús? De seguro que no puedes hacer nada contra estos Cardenales de la Iglesia, pero contra un sencillo sacerdote que trabaja en tu arquidiócesis, el P. Garatea, sí te atreves a hacer lo que te dé la gana, al no renovarle las licencias ministeriales en tu circunscripción. Da la impresión de que quisieras dar una señal a todos los demás sacerdotes de tu arquidiócesis. ¡Tengan cuidado con lo que digan, pues si no, ya verán lo que les pasa!

¿Es que acaso sobran los sacerdotes en tu arquidiócesis? ¿Implica tu decisión una sanción al P. Garatea, o más bien a las comunidades que él atiende pastoralmente? Pues les estás quitando a esos fieles la asistencia pastoral y sacramental de un sacerdote que ha expresado su voluntad de vivir el celibato y que ha dado muestras de "respeto, compasión y delicadeza" hacia las personas homosexuales, como lo manda la Iglesia, y que además ha manifestado su compromiso con lo social y los derechos humanos a través de su participación en la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza y la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Si bien el Informe Final de esta comisión valora muy bien del papel de la lglesia católica durante el período de violencia 1980-2000 en el Perú, tú, mi estimado Juan Luis, eres de los pocos que salen mal parados, con hechos que no han sido inventados y están bien documentados, los cuales a mí, como católico creyente, me siguen causando vergüenza.

El vicario episcopal del Arzobispado de Lima, el P. José Chuquillanqui, ha dicho en representación tuya que al P. Gastón Garatea se le ha llamado la atención desde hace 6 años respecto a expresiones suyas que los medios podían tergiversar. En honor a la justicia, si hay tergiversación, la culpa es del que tergiversa y no del tergiversado. Y muchas veces las aclaraciones no sirven de nada, pues hasta éstas pueden ser tergiversadas. ¿No te parece injusto, Juan Luis, más aún cuando a ti desde hace más de una década –no 6 años– se te ha llamado la atención por ponerte del lado de dictadores, presidentes corruptos, algunos militares y policías responsables de matanzas, y poquísimas veces del lado de las víctimas de los abusos? ¿Cuándo levantaste tu voz en contra de las esterilizaciones masivas realizadas a la fuerza por el gobierno de Fujimori? ¿No justificaste de alguna manera la muerte de campesinos inocentes cuando eras obispo de Ayacucho, porque "en toda guerra debe haber muertos"? ¡Qué diría Mons. Oscar Arnulfo Romero, quien fuera arzobispo de San Salvador, que doctrinalmente era tan conservador como tú, pero que no cerró los ojos ante los abusos de los que era víctima el pueblo salvadoreño y se puso del lado de la justicia y la paz, siguiendo su conciencia, levantando su voz profética contra los abusadores, lo cual finalmente le costó la vida! Y a pesar de que tantas veces se te ha dicho lo mismo, no cambias. Recientemente, sobre los acontecimientos de Espinar (Cuzco), has declarado lo siguiente:
"Un grupo de gente no puede querer el desarrollo con piedras y con mentiras. No se puede dialogar cuando no hay deseo de verdad, de paz y de justicia. [...] La paz, dice San Agustín, es la tranquilidad en el orden. Yo creo que está faltando orden y para que haya orden hay que respetar las normas y a las autoridades. El diálogo tiene que hacerse cuando hay paz, tranquilidad y cuando hay orden. Lo que no podemos acostumbrarnos es a exigir diálogo con pedradas y con muertos. [...] El Perú es un pueblo pacífico, que quiere la justicia y que quiere la verdad. Por eso, no abusemos de la palabra 'diálogo' cuando vemos tanta violencia y tanto abuso. [...] ...no estoy de acuerdo con lo que estoy viendo en diferentes partes del país, que es el maltrato a la población por parte de grupos que se dicen defensores y lo único que hacen es manipular. [...] Hay que mejorar, invertir, darles agua, luz, caminos e infraestructura, pero no a base de piedras, ni a base de engañar a la población."
 Pues, mi estimado Juan Luis, tus palabras aparentemente sensatas resultan en el fondo desatinadas y ofensivas. Los muertos que ha habido no son por piedras, sino por balas, es decir, proyectiles provenientes de armas empuñadas por las fuerzas del orden. Y quienes más le han mentido al pueblo y manipulado la información son los representantes del gobierno y de las mineras junto con los medios de prensa que los avalan. Además, la población no es tan manipulable como te imaginas. Me parece una absoluta falta de respeto insinuar que no tienen en realidad conocimiento de las cosas y que sus actos de protesta no responden a voluntad propia, sino a manipulación por parte de terceros. Te aseguro que la mayoría han protestado pacíficamente, a no ser que les creas a los medios de prensa que sólo muestran las acciones violentas motivadas por la represión policial y las presentan como si fuera toda la población la que estuviera protestando de esa manera. Además, detrás de las actuales protestas hay una larga historia de reclamaciones frustradas y diálogos desatendidos. ¡No has cambiado para nada, Juan Luis, y veo que te sigues poniendo del lado de los poderosos, independientemente de cuál sea su catadura moral! Se me vienen a la memoria las imagenes propaladas por Canal N el 28 de julio del año 2000, donde se te veía a ti recibiendo en la Catedral con sonrisas cómplices y gestos cordiales al Presidente Fujimori, culpable de delitos de lesa humanidad, mientras en el centro de Lima ardía Troya, sin que eso te haya importado un comino. Ni entonces ni ahora.

El P. Gastón Garatea no ha dado ningún mal ejemplo, ha sido para muchos un estímulo para seguir el camino que Jesús nos indicó, haciendo uso de la libertad de expresión ha dado su opinión en asuntos que no afectan nada esencial dentro de la doctrina de la Iglesia, y tú le quitas las licencias para ejercer su ministerio sacerdotal en tu arquidiócesis. No lo entiendo. Espero que reflexiones y reconsideres la decisión que has tomado. Sería algo bonito, simpático, un gesto de buena voluntad, que lo hagas. Y además, que pidas disculpas. Pues pedir disculpas es un gesto que dignifica a cualquier persona, más aún si es cristiano. Y nos permitiría recobrar la confianza en que estás abierto al Espíritu Santo y que para ti lo más importante es el amor de Jesús.

Discúlpame por hablarte con tanta franqueza. En conciencia, no puedo dejar de hacerlo. Sólo Dios sabe el esfuerzo interior que me ha costado.

Tu hermano en Cristo

Martin Scheuch

27 comentarios:

  1. Camilo Rodríguez6 de junio de 2012, 22:43

    Son tiempos muy desagradbles para la iglesia, cada vez hay menos creyentes, cada vez se les da más razones a quienes no tardan en juzgarnos y cada vez hay más "Líderes" que al parecer no les interesa lo que pasa al rededor o es que viven mirando hacia arriba satanisando todo lo que provenga del mundo mientras nuestra Iglesia va directo a su fin... mucha gente espera posiciones mucho más francas pero sobre todo que nuestros pastores trasmitan caridad y no temor, como dijeran los Jesuitas "más por amor que por temor"

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  2. No se, supongo que en el seminario se les dice a los candidatos, que si quieren ser sacerdotes, hay algo enorme que tienen que sacrificar, la posibilidad de tener una esposa, hijos, una familia. Y muchos dirán que, aun así, quieren ser sacerdotes, en cambio, otros -como en mi caso- hemos dicho no, es demasiado y admiramos a quienes si aceptaron ese ministerio.
    Si quitan el celibato o no lo quitan, no es el problema; lo importante es que los sacerdotes, que quieren seguir siendolo, se reconozcan, como aquellos que si aceptaron dar su vida de modo tan grande. Y los que no, siempre se puede dar un paso al costado, después de todo ya han servido a la Iglesia y hay que respetarlos. A esos sacerdotes que elijan quedarse y que sean sencillos y humildes, los admiraremos. A los que son como este nuestro cardenal, pues menos mal que no son eternos.

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  3. Gracias por la lucidez con que expresas tus opniones y experiencias. Necesitamos más evangelio en la Iglesia. Sigamos forjando una nueva manera de ser iglesia hoy, en esta "nueva historia", "nueva época" donde el amor cristiano urge desde la tolerancia y la búsqueda de las nuevas rutas que nos va señalando el Espíritu. Seguimos en "rebelde fidelidad" a Cristo en la iglesia a pesar del dolor que nos causa este nuestro pastor.

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  4. Gracias Martin Scheuch por este rrecorrido profundo y humano,y muchos y muchas esperamos que Juan Luis Cipriani no siga haciendo uso indebido de la autoridad que se le ha confiado, porque eso tiene un nombre y se llama "AUTORITARISMO"
    Gracias. Antonio Escurra

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  5. Muchas gracias por poner en común tu visión sobre la situaciòn de Iglesia que pasamos en el Perù, ayuda mucho a consolidar la reflexión y el malestar que sentimos muchos de los laicos, cuando vemos a unas autoridades eclesiales que màs que acompañar, estàn empecinados de hacer valer sus intereses personales, tirando al tacho la comuniòn y la misiòn de nuestra Iglesia.

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  6. Son tiempos dificiles para la Iglesia peruana, en especial para la iglesia de Lima . Es doloroso el caminar como dicen lineas más arriba, causado por quien es , por ahora ,nuestro Pastor. Qué importante es recordar ahora que la Iglesia debe ser fiel a Cristo y no es lo mismo que seguir a aquellos hombres que se dicen ser de la iglesia y hacen todo para desmerecerla. Los hombres pasarán ,como el actual Cardenal ,la iglesia perdurará en su esencia que es abrir los brazos a los que escuchan desde el corazón a Cristo.

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  7. Señor Scheuch:

    Le pido encarecidamente que no diga que ha estudiado en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima; pues nos deja muy mal a quienes hemos estudiado en ella. Van a pensar que de allí sólo salen sofistas.

    Por otro lado, su artículo más parece dedicado a desprestigiar al Cardenal Cipriani que a defender al P. Gastón Garatea.

    Respecto a la unión civil de homosexuales, se entiende que se trataría de una unión legal que considera un vínculo sentimental entre los contrayentes; y donde hay sentimientos de amor, hay sexo; más aún, la ley les habría dado el espacio para "sentir" que están haciendo lo correcto. Por tanto, un sacerdote católico no puede decir que no hay problema (moral, se entiende) en la unión civil de homosexuales. Al P. Garatea "se le chispoteó". Por lo menos debería reconocerlo.

    Respecto al celibato en el sacerdote, hay que tener en cuenta que el hombre es más que biología. No hay que negar en él su dimensión espiritual y su experiencia de lo sagrado. El sacerdote se consagra a Dios, se separa para Él. Y Jesús ha dicho que esto sólo lo entienden aquellos a quienes les es concedido (desde el Cielo, se entiende). El celibato sacerdotal es un don de Dios. Y no está bien que quienes optaron por consagrarse a Dios, luego quieran cambiar de idea. Lo que debe hacerse, en todo caso, es seleccionar mejor a los candidatos y examinar su real capacidad para asumir una vida de consagrado a Dios.

    Con todo, comprendo su dolor por el P. Garatea; a mí también me dolió, pero evité dejarme llevar por mis sentimientos y traté de conocer la razón por la que se negó la renovación de licencias ministeriales. Y ciertamente hay verdaderas razones; otras más que usted no ha mencionado en su artículo.

    Gracias por su atención.

    Enrique Carrión
    Lima-Perú

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    1. Bueno, de la Facultad de Teología también han salido personas pensantes, pero desde que el P. Idígoras y el P. Interdonato no están entre nosotros, cada vez menos.

      Por otra parte, aclarar al Cardenal no es desprestigiarlo. ¡Vaya, que Cipriani no es el Papa! Y además, él mismo se desprestigia con algunas cosas que dice y que hace. Su peor enemigo es él mismo.

      Sobre el tema de las uniones civiles, el vinculo sentimental no es contemplado ni siquiera en la ley sobre matrimonio civil. Es un concepto ajeno a lo jurídico. Sólo el matrimonio contempla la posibilidad de intimidad sexual. Y aquí nadie está defendiendo el matrimonio homosexual.

      Sobre el celibato, es cierto que el hombre es más que biología, pero su dimensión espiritual es indesligable de la biológica, está profundamente enraizada en ella. El celibato es un don de Dios. Totalmente de acuerdo. ¿Por qué obligar a guardar esa práctica a quienes tienen la vocación sacerdotal, pero no han recibido ese don, que puede ser considerado un carisma, pero de ninguna manera una obligación? Se puede decir que quien se mete a sacerdote, sabe a qué se atiene. Pero saberlo no otorga necesariamente el carisma. Porque el sacerdocio es un sacramento, y el celibato es un carisma del Espíritu Santo. Y este don el Espíritu lo reparte como quiere, incluso a personas que nunca recibirán el orden sacerdotal.

      Y si se busca seleccionar mejor a los candidatos, eso no soluciona el problema. Con la escasez de vocaciones al sacerdocio que hay, seleccionar a quienes se considere aptos para el celibato de entre los candidatos hace más agudo el problema de la escasez de clérigos. Un problema adicional se da cuando quienes siguen el camino del sacerdocio descubren tardíamente que no estaban llamados al celibato. No es que hayan cambiado de idea. Es que no pueden ser célibes, pues esto no se logra simplemente con "entrenamiento" espiritual, como quien entrena para un partido de fútbol. Estas personas terminan condenadas al ostracismo por las autoridades eclesiales. Por mencionarte un dato, en España constituyen aprox. un 20% del total del clero. Lo que se necesita no son tanto sacerdotes "separados" para Dios, que de tanto estar separados, ya no pisan la realidad con sus pies, sino más comprometidos con los asuntos humanos.

      Sobre las otras razones por las cuales se negó la renovación de licencias ministeriales al P. Garatea, no puedo saberlas, pues el Arzobispado de Lima no las ha comunicado. La falta de transparencia es tal, que creo que ni el mismo P. Garatea las sabe. Con lo cual, tampoco hay oportunidad de defenderse adecuada y respetuosamente.

      De todos modos, Enrique, gracias por tu comentario.

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    2. Yo soy una feligresa común y corriente que desde hace algunos años ha ido viendo cómo poco a poco los hombres que dirigen nuestra Iglesia Católica en lugar de demostrar ese amor por Jesús y con su vida dar a el mejor ejemplo, al contrario son aquellos que son más injustos, que se aprovechan inclusive de quienes le sirven. No es sólo Cipriani el que tiene ese tipo de actitudes que dejan mucho que desear. El Obispo de Piura es otro que se muestra alejado de su grey, indiferente a las cuestiones del pueblo y sólo se dedica a ser figura para la prensa, casi ni lo conocemos y es tan frío en sus reflexiones. Es una pena darse cuenta que estos hombres no son hombres de grandeza espiritual. Los sacerdotes hacen las misas corriendo o eternas y con los fieles durmiendo, siempre me pregunto dónde está ese amor por Jesús, el hombre que lo ama,lo transmite desde todo su ser y basta con estar cerca de él para darse cuenta que son hombres de Dios. AHora busco, busco, sólo a Diosm, los hombres que dirigen la iglesia la están trayaendo abajo. Qué pena, mi amada Iglesia. Cuánto me duele, que cuando surge un hombre capaz de amar más allá y mucho más cerca de como amaba Cristo se le excluya.

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  8. Lo importante no es ser muchos, lo importante es ser, si no encuentran plenitud en la iglesia católica, hay muchos otros caminos de seguro más cómodos, no traten de destruir desde dentro.

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    1. No buscamos seguir un camino más cómodo, sino el del amor de Jesús, que creemos encontrar en la Iglesia católica, a la cual hemos sido llamados. El problema no es la Iglesia. El problema es un arzobispo, el de Lima, que cree que su interpretación particular de la enseñanza de la Iglesia es la única válida, y que postula un pensamiento único que no respeta la pluralidad de opiniones dentro de una misma fe. Y que en base a ello no duda en cortar cabezas, sin explicar los motivos que lo hacen tomar esas decisiones. Pues eso de aplicar una sanción que tiene consecuencias en lo público -y que por lo tanto no podía quedar ignorada- sin mencionar los motivos, revela falta de transparencia y de justicia. Es como que un juez dicte una sentencia o aplique una sanción, reservándose el derecho a explicar por qué aplica esa medida por un supuesto respeto a la persona del implicado. No hay posibilidad de apelación ni defensa. En ese caso, mejor no aplicar la sanción.

      Por otra parte, Juan Luis Cipriani no representa a la Iglesia, pues la Iglesia es el Pueblo de Dios, y dudo que una gran parte de esa inmensa comunidad que forma un solo cuerpo en Cristo se sienta identificado con los hechos y dichos de tal personaje. Cipriani es un pastor, que ha recibido legítimamente una tarea y función dentro de la Iglesia, para servir a la grey confiada a su cuidado. Que cumpla bien esa tarea, eso ya es otro cantar. En todo caso, sería mejor que construyera más en vez de destruir generando divisiones y sancionando a quien no debería sancionar. El problema es él, no la Iglesia.

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    2. El catecismo me lo conozco de cabo a rabo, pues lo he leído varias veces. Y no he encontrado en ninguna parte que las autoridades de la Iglesia sean inmunes a ser criticadas,

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  9. Estimado Martín:

    No sé cuántas personas te hayan escrito ni por qué vías para felicitarte por tu carta, pero quisiera que sepas que estas líneas de felicitación que yo agrego ahora expresan el sentir de muchísima gente en el Perú que ha ido reenviado y comentando tu texto por internet con admiración y grandes elogios.

    Tu carta me parece de una claridad y una lucidez admirables. Creo que explicas con argumentos contundentes cuán injustificada es la medida que el cardenal Cipriani ha tomado en contra del padre Garatea, pues en ninguno de los casos específicos se puede demostrar que él haya incurrido en falta. Manteniendo siempre una actitud respetuosa y hasta elegante a lo largo de toda tu carta, has dejado en claro además que esta posición actual del cardenal Cipriani responde a un estilo o una conducta que ya era posible constatar en él desde hace mucho tiempo. Y, lo que es más lamentable, que ello contrasta de manera grotesca con la posición que monseñor Ciprini ha mostrado frente a los políticos más corruptos del país en sus decisiones más lamentables.

    No he dejado de notar tampoco lo que dices al final de tu carta: que escribirla ha sido para tí una experiencia difícil y dolorosa. Respeto mucho eso que dices y admiro tu valentía.

    Con gran aprecio y afecto unbekannterweise.

    Miguel Giusti
    Profesor de la PUCP

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    1. Estimado Miguel:

      Me han llegado varios e-mails de felicitación y uno solo de tono agresivo y desafiante, cosa que ya me esperaba. Nunca esperé que mi escrito tuviera el impacto mediático que ha tenido.

      Me ha tomado bastante tiempo elaborar esta carta. La he revisado una y otra vez antes de publicarla. Sin embargo, en conciencia consideraba que era necesario hacerlo, pues la manera en que se ha querido desprestigiar al P. Garatea tenía ya ribetes surrealistas, y si bien no lo conozco personalmente, estoy al tanto de su trayectoria como sacerdote. Por otra parte, las declaraciones del arzobispo Cipriani ya rayaban en lo pintoresco, además de que su posición frente a la política del país y los conflictos sociales resulta escandalosa para muchos católicos creyentes, e incluso para quienes son ajenos a la Iglesia.

      Esperamos que Cipriani recapacite y tome otra actitud. Todavía tengo esperanzas. En la Iglesia actual, con todo lo que ha sucedido recientemente, se puede hasta creer que las vacas vuelan.

      Te agradezco sinceramente tus palabras y espero que lleguemos a conocernos personalmente algún día.

      Un abrazo

      Martin Scheuch

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  10. mmm, realmente no tienes nada que hacer no? deberias emplear tu tiempo en leer el catecismo y yo digo, mas bien que no estas en peru, en vez de criticar y hablar en tono desafiante a una autoridad de la Iglesia, cuestionando sus metodos de ense;anza y otros y, sobre todo, dividir el pensamiento de los fieles, sabiendo que vas a tener impacto, pero bueno, tendras que dar cuentas de lo que haces.

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    1. En realidad, como al común de los mortales, el tiempo no me alcanza para todo lo que tengo que hacer. Sea como sea, es un derecho de cada uno usar de su tiempo como crea conveniente, sin tener que hacer caso a imperativos descorteses que le indiquen a uno en qué debería emplearlo.

      El catecismo me lo conozco de cabo a rabo, pues lo he leído varias veces. Y no he encontrado en ninguna parte que las autoridades de la Iglesia sean inmunes a ser criticadas, sobre cuando dan motivos para ello. Esto es válido sobre todo en el mundo actual, en que se conocen muchos casos de sacerdotes y obispos que deberían estar en el banquillo de los acusados. Si Juan Luis Cipriani tiene dichos y hechos cuestionables, por el bien de la Iglesia existe el derecho de decírselo, incluso de manera pública, como expresa el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 907):

      «(Los fieles laicos) Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestarla a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres y la reverencia hacia los pastores, habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas».

      Y en el Directorio para el ministerio pastoral de los obispos, del año 2004, documento oficial del Vaticano, se dice cuál debe ser la actitud de los obispos ante las opiniones de los laicos:

      «El Obispo acepte de buen grado el parecer de los laicos sobre las cuestiones diocesanas, en función de su competencia, sabiduría y fidelidad, y lo tenga en la debida consideración. Tenga presente también las opiniones sobre los problemas religiosos o eclesiales en general, manifestadas por los laicos a través de los medios de comunicación: periódicos, revistas, círculos culturales, etc. Respete, además, la libertad de opinión y de acción que les es propia en la esfera secular, pero siempre en fidelidad a la doctrina de la Iglesia.»

      Me he dirigido a Cipriani como un hermano en Cristo, con franqueza y sin desafiarlo, invitándolo a una reflexión que permita una actitud mas abierta y dialogante, que es la que debe primar en el Pueblo de Dios que es la Iglesia, donde las legítimas diferencias -incluso discrepancias- no deberían ser motivo para dejar de formar un solo Cuerpo en Cristo, en el amor del Espíritu Santo. El problema se da cuando alguien -por más mitrado que sea- cree que su propia interpretación de la doctrina cristiana es la única válida, y deja de reconocer que existe un pluralismo legítimo que enriquece la vida de la Iglesia, y en base a ello se pone a decapitar cabezas.

      Cómo me gustaría que Cipriani pueda hacer suyas las palabras de San Agustín: «Si me asusta lo que soy para vosotros, también me consuela lo que soy con vosotros. Para vosotros soy obispo, con vosotros soy cristiano. Aquel nombre expresa un deber, éste una gracia; aquél indica un peligro, éste la salvación.»

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  11. pura palabrería llena de falsa teología que nos quiere contagiar esta lacra de gente y me refiero a ti martin exsoda "san jorge" Lutero. Que bueno que estes fuera de Perú.

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  12. Anonimo, con tanta agresividad como puedes juzgar una teologia de falsa, si supieras de la verdadera no hablarias con tanto desprecio Firma OtroAnonimo

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  13. jaja haber anónimos, dejense de huevadas, algo que caracteriza a los católico y en especial a los "Sodas", es que casi siempre creen tener la razón y ser el único medio para alcanzar la santidad, lo cual les hace sentirse superiores y mofarse del pensamiento de los demás, lo cual los vuelve poco "caritativos" e intransigentes al pensamiento de los demás

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  14. Martín, cuánta calle te falta, es lo que quiero pensar y no creer que con disquisiciones buscas enredar los argumentos. Las uniones homosexuales traen dentro del paquete que las personas homosexuales tengan actos sexuales homosexuales. Te invito a preguntarle al MOHL o a su equivalente en Alemania. Por lo tanto lee el Catecismo en el número 2359 y te darás cuenta que un sacerdote no puede promover este tipo de uniones civiles.

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  15. Sólo una aclaración el número correcto es el 2357

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  16. He estado leyendo unos escritos tuyos, pareces una persona muy inteligente y que sabe mucho y eso es admirable, tienes una respuesta rapida a lo que quieres responder, yo por lo contrario, soy menos sabido, pero me considero una persona de gran corazon, amo a Dios, a mi Iglesia, Santa y pecadora, soy mas de la postura franciscana y no tanto teologa como Santo Tomás. Me preguntaba cuando te leia, ..."si algun dia me lo encuentro y conversamos ¿como seria su apostolado?, ¿desde su punto de vista o el de la Iglesia?, ¿con amargura o con paciencia?, ¿de lo que sabe por lo que lee o por su experiencia como cristiano?"....Martin (dejame tutearte), AMOR!!!!!!!!, que lo que hagas este lleno de eso!!! y que brote de tu amor a Jesucristo (somos Católicos). Si no te cae el Cardenal, si piensas sobre ciertos temas de manera distinta, hazlo,dilo, pero con caridad. Me atrevere a sugerirte (con respeto) a que cuando tengas tiempo, sigas al Papa en sus declaraciones y escritos, la vision de la Iglesia en esos temas controversiales los explica desde la dimension humana, desde nuestra dignidad de hijos de Dios, que esta mas arriba de nuestros deseos o inclinaciones. Bueno me despido, rezare por ti, y te invito a rezar por nuestra Iglesia.

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  17. Por falta de caracteres lo haré en dos partes:

    Acabo de leer el artículo y todos los comentarios en mención. Es verdad que ha pasado mucho tiempo pero no deja de ser de mucha actualidad.
    Me llamo Luis y tengo 60 años. Estoy casado con Vilma hace casi 26 años. Tenemos un hijo adoptivo que hoy tiene 21 años. Juntos pertenecemos a una de las comunidades catecumenales en una parroquia de Lima casi 40 años. El suscrito no tiene educación propiamente dicha, es decir, no llegue a terminar mi primaria, pero no me arrepiento de eso porque la Iglesia me ha enseñado más de lo que me hubiese enseñado las ciencias humanas. Eso creo yo, pero el tiempo me lo ha confirmado.
    Antes de comentar sobre el artículo en mención, sólo quiero hacer un alto y recordar la memoria de mis dos amigos que fueron. Me estoy refiriendo a los padres jesuitas Francesco Interdonato (4 de julio 1991) y José Luis Idígoras (2.3.1992).
    Cuando tenía 22 años vivía en Comas pero me iba a Lima a escuchar Misa los domingos en la parroquia La Inmaculada o Santo Toribio de Mogrovejo. Ignoraba que allí vivían todos los teólogos y profesores principales de la Pontificia la católica. Me ofrecí ante el párroco Miguel Girón para ayudar en las Misas los domingos y así fue. Pasaban los años y me fui adaptando a todos los grupos que allí existían. Me hice amigo con todos los profesores de aquella parroquia: Interdonato, Bartra, Marzal, Idígoras, Bastos, Vich, y oros que ya partieron al Padre. Pero con quien tuve más confianza y que le ayudaba como acolito en sus Misas, fue al padre Interdonato. Tanto él como el padre Idígoras, eran unas lumbreras en lo respecta teología se refiere. Esto puede dar fe el padre Nieto, gran historiador de la Iglesia del Perú.

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  18. Me contaba el párroco Miguel Girón, que el padre José Luis Idígoras, no tenía ningún libro en su habitación, excepto las Escrituras y el salterio. El padre Interdonato era un hincha acérrimo del padre Karl Rhaner. En algunas oportunidades, acompañaba al padre Interdonato a sus conferencias y esto me hacía sentir bien porque me hacía pensar con mucha profundidad. Hasta tengo un recuerdo del padre Interdonato cuando un día me dijo que el Museo Natural le había invitado para que él de una conferencia sobre Creación y Evolución, así que nos fuimos al Museo. Fue grande la sorpresa que al final de la conferencia, casi todas las preguntas iban dirigidas a su persona, pero él las contestaba con simplicidad, por supuesto que yo no entendía ni las preguntas ni las respuestas absolutamente nada. Pero algo se me quedó de esta Conferencia. En la conferencia estuvieron presentes un antropólogo, un ateo materialista, un sociólogo, un teólogo, un periodista y no recuerdo quien más, pero si un moderador.
    Aquí cuento dos anécdotas antes de ir al Museo. Estuve a las ocho de noche en la parroquia que quedaba en Jr. Chancay para esperarlo e irnos al Museo, y en eso él sale con un terno azul, casi gastado, pero vi con mis ojos que llevaba dentro de sus manos un librito. Le pregunté cómo se llamaba aquel librito, y me dijo que era el Nuevo Testamento en griego. Aquella noche recibí una catequesis estupenda. Porque ¿dónde encontramos la LUZ? En las Escrituras.
    La otra es cuando el padre Interdonato terminó de dar la Conferencia, saliendo del Museo me dijo: “No me han dado ni los pasajes”. Así de simple era el trato que nos dieron. Después de que ambos estábamos en Jr. Chancay, nos despedimos sin saber que ya tenía cáncer al pulmón.
    Cuando estuvo internado en la clínica padre Luis Tezza fui a visitarlo y juntos conversamos. Él estaba muy sereno y tranquilo esperando a la “amiga” muerte. En su cama había algunos libros de espiritualidad que le habían regalado sus amigos. En eso le pregunté: ¿padre que le molesta más de todo esto? Y me respondió: “El no poder leer”. A los dos días, el Padre lo llamó. Hoy el padre Interdonato ya no necesita enseñar teología, porque está viendo LA VERDAD.
    Han pasado muchos años, y todos mis amigos jesuitas han ido falleciendo y al final, la comunidad donde vivían todos los jesuitas fue vendido y en la actualidad van a hacer un hospital. De todos mis amigos, SOLO queda el párroco que se llama Miguel Girón y que con él, que está en San Pedro, conversamos de muchos temas, sobre todo de las comunidades catecumenales que gracias a él, hoy existen 16 comunidades.
    Eso es todo lo que tengo que decir amigos.
    Lucho

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  19. Estuve leyendo todos los comentarios y me detuve en este que escribe mi amigo y hermano Martin: “El catecismo me lo conozco de cabo a rabo, pues lo he leído varias veces. Y no he encontrado en ninguna parte que las autoridades de la Iglesia sean inmunes a ser CRITICADA”. El subrayado es mío.
    El 20 de Junio del 2012 hay una respuesta de Martin donde hace mención al padre Interdonato. Antes de la partida del padre Interdonato, la revista “Pro Ecclesia” por el mes de Junio de 1991 le hizo la última entrevista, que creo yo que tiene que ver en algo de lo que dice Martin.
    La pregunta fue: “Hay una aptitud de crítica frente a la Iglesia, incluso desde dentro de ella (Luis Cipriani no era todavía cardenal porque él lo fue en el año 2001 y ya existía la crítica a la Iglesia especialmente a sus pastores). Critica despiadada con respecto al pasado, con el poder temporal, etc. ¿qué nos puede decir al respecto?”
    Responde Interdonato: “Bueno, yo creo que la primera respuesta es que la crítica a la Iglesia, como a cualquier institución, se puede dar, incluso es conveniente que se dé. Solamente que el calificativo de crítica “despiadada” ( yo veo una crítica “despiadada” hacia la persona del Cardenal Cipriani) es lo que hay que matizar. En general, para que una crítica sea realmente digna de un acto religioso interno y que tenga una finalidad constructiva, el que critica tiene que criticarse a sí mismo; es decir, no creerse un santo, y que critica desde fuera. Si es cristiano, tiene que sentirse involucrado también en aquello que critica. Él es un responsable de la Iglesia: eso tiene que notarse. Toda crítica en que no se note que el que la hace, está criticándose a su vez, es decir que se siente responsable, sujeto mismo de la crítica, ciertamente no es una crítica intraeclesial. Puede ser la crítica de un no creyente o de un adversario”.

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  20. En cuanto a la homosexualidad.
    En la homosexualidad el hombre, o la mujer, no se dirige exclusivamente a sí mismo, como en la masturbación; se abre a un tú, pero no al tú del otro sexo, sino al tú del propio sexo, desviando la orientación normal de la sexualidad.
    El fenómeno de la homosexualidad ha asumido en nuestro tiempo una importancia particular. La homosexualidad se haya muy difundida en todas las culturas decadentes y, en particular, en la actual sociedad permisiva y tolerante. Aparte de las personas con tendencias más o menos irreversibles, existe un número mayor de personas que, en ciertos momentos de su vida, descubren estas tendencias o tienen experiencias de tipo homosexual. Desde la óptica moral hay que distinguir entre tendencias homosexuales y comportamientos de tipo homosexual. Las tendencias homosexuales, sobre todo si son de carácter irreversible, no están sujetas en cuanto tendencias a un juicio de tipo moral. Al hablar de homosexualidad irreversible no se pretende afirmar que lo seguirá siendo en el futuro y que se completamente incurable, sino simplemente afirmar que la homosexualidad está arraigada en la estructura hormonal o genética de la persona, o en casos extremos de deformación psicológica.
    Termino con lo que dice el moralista LOPEZ AZPITARTE: “Aún en la hipótesis de que semejante situación de homosexualidad fuese irreversible por alguna causa, no conviene olvidar que la licitud de una conducta no se justifica por lo que es, sino por la voluntad de Dios, es decir, por lo que se debe ser. Tener una inclinación no es suficiente para hacer humano ni cristiano ese instinto. Si la mera instintividad fuese criterio suficiente para hacer normal una conducta, la moral quedaría reducida a un biologismo brutal y anárquico. Sentir una necesidad seria signo de una exigencia ética”.

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